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razonando e informando sobre la mujer |
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| México, D.F. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Desde hace más de una década, ser mujer en Ciudad Juárez, Chihuahua, es sinónimo de depredación, devastación, robo, violencia, mafia y abuso de autoridad. La negligencia y la corrupción de las autoridades mexicanas, tanto estatales como federales, han contribuido a fomentar este ambiente de terror que se vive al norte de México, dando paso a que el “estado de derecho” se encuentre en manos de narcotraficantes que reciben protección de los gobiernos mexicanos y estadounidenses. A partir de 1993, esta ciudad fronteriza con El Paso, Texas, ha sido el escenario de la desaparición sistemática de mujeres, muchas de las cuales son encontradas después en diversos parajes de la región con huellas de violación, mutilación y estrangulamiento. Las autoridades mexicanas han recurrido desde 1995 a la construcción de culpables que, mediante tortura, confiesan ser los responsables de los homicidios, mientras que los verdaderos autores de dichas atrocidades siguen libres y continúan hasta nuestros días con esta cacería de mujeres.
Geopolítica juarense
Ubicada en la frontera norte de la República Mexicana, Ciudad Juárez colinda con la ciudad estadounidense de El Paso, Texas. Según el censo de población y vivienda realizado en el 2005 por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), el estado de Chihuahua, al que pertenece Ciudad Juárez, contaba 3 241 444 habitantes, de los cuales 1 313 338 pertenecían a la ciudad fronteriza.(1)
De acuerdo con la densidad de población, Chihuahua ocupa el lugar número 11 de entre los 32 estados mexicanos, como se muestra en la siguiente tabla:
INEGI. II Conteo de Población y Vivienda 2005. Respecto al territorio, el estado de Chihuahua cuenta con una extensión de 247 455 kilómetros cuadrados, que lo convierte en el Estado más grande del país. La mayor parte de este territorio es desértico por lo que la economía del Estado se sustenta principalmente en dos sectores: el comercio (restaurantes y hoteles, aunque también y en gran medida prostitución y drogas) y la industria maquiladora. Así, debido a la extensión desértica y a su condición fronteriza, en la entidad se ubican aproximadamente 402 maquiladoras de exportación, que representan el 14.3% del total de este tipo de establecimientos en el país. (2) El 98% del financiamiento de esta industria es de origen estadounidense.(ORTIZ, 2003: 45) Debido al alto índice de pobreza y miseria en el país (3) , Ciudad Juárez ha mantenido un flujo migratorio importante de mexicanos y centroamericanos que llegan a la zona para emplearse en la industria maquiladora en condiciones de esclavitud, lo que se traduce en una alta densidad de población que vive paupérrimamente. Este crecimiento poblacional confluye con el problema de la infraestructura ciudadana. Paradójicamente, al lado de la industrialización fronteriza existe un rezago urbano debido a la falta de inversión estatal en obras públicas básicas requeridas por cualquier ciudad pues históricamente Ciudad Juárez ha sido considerada como una ciudad de paso, una ciudad fantasma (4). Al respecto escribía Fabrizio Mejía Madrid en el año 2003 que la extensa ciudad sobre el desierto se mira a sí como un paso hacia otros sitios definitivos. Los 40 mil baldíos en los que todavía cabrían un millón más de nuevos inmigrantes, el hecho padecible de que sólo esté pavimentada en un 40 por ciento, y de que el 10 por ciento de las casas sean de cartón, ayuda a sostener su carácter de territorio pasajero. De hecho, me resulta aterradora la enorme cantidad de no-lugares que ha desarrollado en estos últimos diez años: largas paredes a ambos lados de los parques industriales, gasolineras fantasma, callejones de bodegas y contenedores que funcionan como bardas, líneas de bares, antros y lupanares que sólo abren hasta el atardecer. Si algo permite la ejecución, el secuestro, el asalto sexual es esa soledad de las ciudades desiertas. (Mejía, 2003: 71) A partir de este pasaje, podemos imaginar el riesgo que supone caminar por la ciudad y la salida que se ha dado para la autoprotección: exceso de automóviles. Según Sergio González Rodríguez, “mientras en la Ciudad de México sólo el 37% de los habitantes tiene vehículo, en Ciudad Juárez este porcentaje llega al 70% de la población” (GONZÁLEZ R., 2005: 29-39) por lo que “estar sola” entre calles y avenidas de la ciudad puede tener como consecuencia un “levantón” –como se le llama al rapto- con su correspondiente asesinato. Así, tres son los elementos que definen de manera concreta la geopolítica de la ciudad: el puente que comunica Juárez con El paso, las industrias maquiladoras y los automóviles. A partir de aquí se dibujan las raíces de la desolación de ser mujer en Juárez.
La modernidad, el TLC y sus “victoriosos” frutos
El 1º de enero de 1994 entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio (TLC) o North American Free Trade Agreement (NAFTA) en el que México abría la “zona de libre comercio” a Estados Unidos y Canadá porque, a decir del presidente en turno Carlos Salinas de Gortari, México estaba preparado para ser una nación de primer mundo.(5) Pero esta entrada a la “modernidad primermundista” vino acompañada de dos acontecimientos importantes: ese mismo día el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se levantó en armas en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en pro de los derechos indígenas mexicanos y en contra de la política neoliberal. Meses después, en diciembre del 94, tomó posesión presidencial Ernesto Zedillo Ponce de León y a los pocos días se registró una de las peores crisis económicas en el país debido a los malos manejos gubernamentales del sexenio salinista que provocaron la falta de reservas internacionales en el Banco de México y la devaluación del peso. Otro dato importante es que, a partir del anuncio de las negociaciones trilaterales entre México, EUA y Canadá en 1989, se destaparon diferentes cárteles del narcotráfico mexicano. El más importante para el tema que nos ocupa es el Cártel de Juárez dirigido por Amado Carrillo Fuentes alias “El Señor de los Cielos” muerto supuestamente en 1997.(6) La explicación más plausible sobre la incidencia de los elementos políticos antes mencionados en los casos de los feminicidios juarenses es que durante varios sexenios –y hasta nuestros días, como se verá más adelante- los grupos de narcotraficantes, en especial el Cártel de Juarez que opera principalmente en la ciudad con el mismo nombre, gozaron del apoyo y el cobijo de los empresarios y políticos más importantes del país. Éstos vieron amenazadas sus empresas a raíz de las conversaciones sobre el TLC en 1989 y contrataron sicarios del narcotráfico para asesinar a mujeres pobres y crear un ambiente de incertidumbre que cuestionara la integración de México a la alianza trinacional, siendo el trasfondo del escenario la necesidad de “reafirmar los privilegios y el dominio fronterizo ante la posibilidad de algún cambio”(GONZÁLEZ R., 2005: XX). Al respeto, el excelente trabajo de Sergio González pone de manifiesto este sistema corrupto e impune en donde se mezclan intereses nacionales e internacionales de la mafia fronteriza. A lo largo de la obra, el autor pone nombre y apellidos a todos los responsables de la situación en Ciudad Juárez –incluyendo a los presidentes Salinas, Zedillo y Vicente Fox- desde hace más de una década. Las declaraciones son contundentes: “Un ex jefe de la policía en Ciudad Juárez, Javier Benavides, […] reiteró la participación en el feminicidio de gente poderosa opuesta al TLC. […] la geopolítica está en el centro del feminicidio de la frontera de México y Estados Unidos”.(GONZÁLEZ R., 2005: XXI) Por otro lado, no hace falta mucha imaginación para suponer los efectos del TLC en la mayoría de los mexicanos que vive en extrema pobreza. Con este Tratado el PIB ha crecido sólo el 1% anual y México sigue teniendo un déficit comercial permanente que no logrará alcanzar el crecimiento de algunos países asiáticos. Además, la capacidad productiva nacional ha quedado desmantelada pues el 90% de las exportaciones mexicanas van hacia Estados Unidos principalmente por medio de la industria maquiladora. La añorada inversión extranjera se fulminó pues la mayoría fue considerada a corto plazo y no se tradujo en proyectos productivos. Tampoco supuso oportunidades de empleo, aumento de salario ni de bienestar, prueba de ello es que hasta el año 2003 el 60% de los empleos estaban referidos al sector informal y los salarios de la industria maquiladora tienen una ínfima variación desde 1994. La migración aumentó –tanto nacional como internacional- y también el desgaste ambiental debido a la deforestación y a la negligencia de las autoridades en el tema de los criterios ambientales. (NADAL, 2003) En este ambiente, el trato humano es imposible. En las maquiladoras no se aceptan personas mayores de 30 o 35 años, tampoco son deseables las personas con cierto nivel de escolaridad que demande sus derechos. En algunas, se contrata niñas de hasta 13 años de edad y muchas mujeres son revisadas con cierta periodicidad para comprobar que no estén embarazadas. Muchas maquilas suelen cambiar de nombre constantemente, creando “otra maquila”, para evadir las utilidades que deben a sus trabajadoras y trabajadores a fin de año. Gustavo Castro, investigador del Centro De Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria (CIEPAC) escribe: En las maquiladoras no dejan tomar agua para evitar que las trabajadoras abandonen sus puestos de trabajo (además los baños y el agua escasean). Si se abandona, la trabajadora sólo tiene permitido 5 minutos para ir al baño, mientras que otra tiene que cubrir el puesto de trabajo para que la producción no se detenga […] Si alguna de las empleadas trabaja más turnos y por tanto gana más dinero, se le inventan varios descuentos para bajarle el sueldo al mínimo […] le pueden descontar una cuota por la renta del espacio que usa para trabajar […] Los trabajadores de la maquila de abrasivos mantienen las manos negras por el aceite hasta luego de dos meses de haber abandonado el empleo. Por lo general el quipo de seguridad es nulo. Hay mujeres que les han quedado amputados los dedos por la maquinaria y que nunca fueron indemnizadas y continúan trabajando en la misma maquila. En el caso de mujeres embarazadas los médicos les mienten sobre la fecha del parto para lograr que sigan trabajando lo más que se pueda y pierdan los días a los que tienen derecho sin trabajar y con sueldo. “Hay compañeras que han parido en la maquiladora y de ahí al hospital” –asegura una de ellas. […] En algunas maquiladoras les obligan a las trabajadoras a tomar el medicamento “Naproxen” antes de salir (incluso a las embarazadas) para que no les duelan los músculos, en otras les obligaban a tomar día a día un anticonceptivo o en otras, pastillas que mantienen acelerado el cuerpo para que aguante el ritmo de trabajo.(7) Pobreza, explotación, acumulación de riqueza a costa de la cosificación humana, impacto ambiental y más de diez años de feminicidios es el costo nacional por la modernidad.
Narcotráfico y prostitución política en Juárez
El comercio de drogas es una de las principales actividades económicas que sostiene no sólo la frontera de México, sino estados enteros como son los casos de Guerrero y Michoacán. En Ciudad Juárez, el narcotráfico ha impregnado a la sociedad entera y, por medio de procedimientos delictivos que dan escasísimo valor a la vida humana, han logrado hacerse del poder estatal –por no decir, cuasinacional. Como sucede en la mayoría de los casos, los narcotraficantes no están solos, tienen el apoyo de diferentes agentes del poder judicial, convirtiendo la región en un gran feudo con señores y siervos. Los empresarios, como se apuntó antes, también tienen intereses específicos que los llevan a generar alianzas con sicarios y mafias con el fin de mantener intocable su estatus económico. Política, droga y empresa constituyen la triada del gran poder que el narco ejerce en Ciudad Juárez. (MONSIVAÍS, 2003: 12-16) Chihuahua ha sido gobernado mayoritariamente por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde 1929. En su historia política ha contado sólo con una alternancia del Partido Acción Nacional (PAN). Los gobernadores implicados en los feminicidios juarences son los siguientes:
Es durante el gobierno de Francisco Barrio Terrazas cuando se desata la ola de violencia feminicida en Ciudad Juárez. De 1992 a 1998 existieron por lo menos 125 casos de homicidios contra mujeres, sin contar los casos de secuestros y desapariciones. En diciembre del año 2000 gracias al “triunfo de la democracia”, el presidente electo de México Vicente Fox Quesada –también del PAN- designó para Barrio Terrazas la administración de la Secretaría de la Contraloría y Desarrollo Administrativo (SECODAM) cuya misión es combatir la corrupción y la ineficacia de los organismos públicos. Es sabido que el PAN cuenta con el apoyo de los empresarios más importantes del país y con los grupos de ultraderecha de la Iglesia Católica. Gracias a estos dos elementos, Fox Quesada logró realizar una potente campaña en vísperas de las elecciones del 2000 por medio de la asociación Amigos de Fox que conformó una red de ciudadanos con el propósito explícito de “sacar al PRI de Los Pinos” –la residencia presidencial mexicana. Los principales creadores de dicha asociación fueron empresarios que trabajaron al lado del candidato en la Coca-cola. (TEJEDA, 2005: 67-92. GARDUÑO, 2003) Entre estos “amigos” de Fox se encontraba Francisco Barrio Terrazas. Pero la historia de Barrio Terrazas viene de más lejos. Al tomar posesión como el primer gobernador panista de Chihuahua el 3 de octubre de 1992, el presidente priísta en turno, Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), y los jerarcas de la Iglesia Católica defendieron al gobernador de las protestas públicas de los chihuahuenses dados sus antecedentes. En 1983, Barrio era presidente del Centro Empresarial de Ciudad Juárez además de pertenecer al grupo de ultraderecha conocido como Movimiento de Renovación Carismática. Como alcalde de Ciudad Juárez se distinguió por sus métodos represivos, siendo uno de los episodios más célebres de su actuación la violencia en contra de grupos que protestaban sobre el manejo de su administración el día 11 de octubre de 1985, minutos antes de que diera lectura a su segundo informe anual de actividades. Para llegar a la gubernatura chihuahuense, recibió apoyo económico de grupos como Desarrollo Humano Integral, A. C. (DHIAC) y la Asociación Nacional Cívica Femenina (Ancifem), grupos también de la ultraderecha mexicana que apoyan al sector empresarial (GONZÁLEZ RUIZ, 2002: 254-256) Por otro lado, sus nexos con el narcotráfico se encuentran documentados. Diana Washington, reportera de El Paso Times, divulgó el 15 de octubre de 2000, semanas antes de que Vicente Fox tomará posesión de la presidencia mexicana, que: en las actas del llamado “maxiproceso” contra el Cártel de Juárez de la PGR [Procuraduría General de la República], Francisco Barrio aparece como protector del narcotráfico a cambio de “fuertes cantidades de dinero” […] el ex gobernador de Chihuahua, Francisco Barrio Terrazas, recibió pagos de Amado Carrillo Fuentes, jefe de jefes de ese grupo de narcotraficantes. Fue a cambio de protección a sus actividades ilícitas. Es el documento conocido como PGR/UEDO No. 157/98. (González Rodríguez, 2005: 202) Por las mismas fechas, la prensa divulgó que la Contaduría General del Congreso de Chihuahua había detectado irregularidades que “ascendían a más de 25 millones de pesos, en la cuenta pública del organismo descentralizado llamado Promotora de la Industria Chihuahuense” (GONZÁLEZ R., 2005: 213) en las que estaba implicado el ex gobernador. A pesar de estas declaraciones, Vicente Fox y su vocera –que luego sería su esposa- Martha Sahagún defendieron la intachable trayectoria de Barrio Terrazas. A Barrio le sucedió en la gubernatura juarense Patricio Martínez, con quien el PRI retomaba su hegemonía política en la región. Martínez evadió la responsabilidad que le correspondía en la investigación sobre los feminicidios argumentando que la violencia y el narcotráfico “es culpa” del gobierno de Barrio. En enero del 2001, Patricio Martínez sufrió un atentado al que sobrevivió y declaró que el inductor del hecho era Francisco Barrio Terrazas. Lo cierto es que ambos gobernadores se dedicaron a fabricar culpables y a dejar a los asesinos libres. El actual gobernador, José Reyes Baeza continúa con esta dinámica. Así, la genealogía de la impunidad en Ciudad Juárez tiene su origen desde la presidencia de la República hasta los agentes del Ministerio Público y los policías de barrio. Enumerar a todos los implicados en los casos de los feminicidios juarences rebasa los objetivos de este trabajo, sin embargo podemos afirmar con toda certeza que los partidos políticos PRI y PAN (o el PRIAN, como se ha dado ha bien llamar a estos opuestos que se complementan) han fomentado la corrupción y el narcotráfico desde el Poder Ejecutivo teniendo a la cabeza a cuatro presidentes: Carlos Salinas de Gortari (1988-1994, PRI), Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000, PRI), Vicente Fox Quesada (2000-2006, PAN) y el actual mandatario Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012, PAN). Respecto a los nexos políticos con el narcotráfico en Ciudad Juárez, Juan Jesús Cortés ha publicado en el periódico Reforma una geografía del peligro que Sergio González reproduce en su obra ya citada, Huesos en el desierto. Existen en el espacio juarense puntos estratégicos donde son encontrados los cadáveres mutilados de mujeres desde hace más de una década, a saber: los parajes Lomas de Poleo, Lote Bravo, Los Nogales, Cerro Bola, Valle Juárez y Zacate Blanco y algunas zonas con alto índice de criminalidad y drogadicción como es la periferia contigua a la Avenida División del Norte, la zona cercana a las vías del ferrocarril, la circunferencia de la Central de Abastos, el kilómetro 20 de la carretera con dirección a Chihuahua capital, el entronque entre el Paseo de la Victoria y la Avenida Ejército Nacional, el Puente de Santa Fe cercano al centro de la ciudad y una zona de picaderos de droga justo en la frontera con el Río Bravo. Los parajes tienen dueño, son empresarios y narcotraficantes. En las otras zonas las personas –en su mayoría inmigrantes- habitan en casas construidas por desechos: trozos de madera, láminas, alambres, cartones y cualquier variedad de material que sirva para sostener “el hogar”. Muchas casas no cuentan con servicio de agua potable ni electricidad. Al otro lado del Río Bravo se pueden observar las construcciones sólidas estadounidenses. Sobre la causa de los feminicidios se han dado diversas teorías. Se cree que los asesinatos corresponden a una dinámica de hostigamiento entre policías y narcotraficantes. Éstos tiran cuerpos en lugares estratégicos para recordarle al poder judicial la omnipotencia de sus alcances y lo peligroso que puede resultar “meter las narices donde nadie les llama”. Así, los cuerpos encontrados en lugares y posturas específicas son mensajes que hay que descifrar: cómo murió la víctima, dónde arrojaron el cadáver, cuándo, cuáles son las posturas y las torturas a la que fue expuesta. Por ejemplo, los cuerpos de algunas víctimas tienen un triángulo en la espalda marcado con arma punzocortante, otros cuerpos aparecen con los pezones arrancados o mordidos, otros descuartizados, algunos envueltos en cobijas, etc. Otra teoría explica que los cuerpos son mensajes cifrados entre narcotraficantes enfrentados. De esta manera los feminicidios estarían fuera de toda lógica para quienes se encuentran fuera del círculo mafioso. Una teoría más se basa en la sobrepoblación. Los y las inmigrantes que llegan a Juárez en busca de trabajo no encuentran cabida y “los jóvenes sin empleo se están alquilando como sicarios y las chicas como table-danceras” (MEJÍA, 2003: 72). Teoría bastante cómoda para las autoridades pues es la juventud la que desencadena las olas de violencia al saberse dentro de una sociedad sin futuro. Se piensa también que los feminicidios corresponden al montaje de empresas de videos snuff, o bien, que son consecuencia de ritos satánicos realizados por estadounidenses que con facilidad cruzan El Paso y encuentran espacios suficientemente impunes para realizar este tipo de actos. Ninguna de estas causas es excluyente de las otras. Dada la pobreza extrema, no es raro que muchas inmigrantes se dediquen a la prostitución ni que los chicos caigan en las redes de la droga y se dediquen a matar por sueldo. La explotación de videos snuff en la zona ha sido frecuente desde la década de los ochenta. Los cuerpos cifrados pueden ser mensajes entre narcotraficantes y al mismo tiempo mensajes hostigadores hacia la policía. Sobre los ritos satánicos existe el precedente de Henry Lee Lucas (1936-2001), un asesino serial de los años ochenta que mantuvo contacto con la secta satánica La Mano de la Muerte que demandaba niños y jóvenes para la realización de ritos y filmación de videos. (MEJÍA, 2003: 72) Lee Lucas confesó haber realizado más de 35 viajes a México para llevar niños marcados con rayas, zetas grabadas o círculos a “ranchos bastante grandes” y que “los jefes de la secta me decían cuántos necesitaban y qué tipo de niño era el más valioso. Normalmente eran niños pequeños, entre cuatro y once años de edad. Me daban mil dólares por cada cargamento” (GONZÁLEZ, R., 2005: 71). Las teorías se condensan en un encabezado publicado por La Jornada el domingo 18 de marzo de 2007: Obra de narcosatánicos, 8 feminicidios en Ciudad Juárez en donde la procuradora de Justicia estatal, Patricia González Rodríguez declaró que las víctimas “fueron sacrificadas durante un rito satánico” (VILLALPANDO, 2007). Incluso, algunos vecinos aseguran que en los parajes de empresarios se realizan orgías donde acude gente muy famosa. Sea lo que sea, lo cierto es que en toda esta trama existe un origen común: la negligencia de las autoridades mexicanas.
Sexismo: machismo y misoginia
Un elemento esencial para terminar el pequeño análisis que presentamos sobre los feminicidios en Ciudad Juárez es la cultura. México es un país empapado por el machismo desde la época virreinal (9) que a pasos forzados ha visto nacer importantes movimientos feministas (10) a partir de la década de los setenta. Si actualmente aún es difícil que algunas mujeres universitarias mexicanas adopten una conciencia feminista, el panorama es mucho más desolador cuando nos referimos a obreras, indígenas, amas de casa y trabajadoras domésticas. Fray Luis de León escribió en La perfecta casada que “una mujer buena será con el marido guarda de su casa, maestra de sus hijos y provisora de sus excesos” (LÍTICO, 2002: 126) y, desgraciadamente, ésta máxima es dogma aún en muchos sectores de la población mexicana. Aunado a este factor cultural popular, la clase política mexicana poco hace por la lucha en pro de la igualdad entre hombres y mujeres. Más aún, en ciertos discursos los hombres y las mujeres que ostentan el poder a todos los niveles se esmeran en seguir la pauta de un mundo androcéntrico hecho por y para los hombres. Frases denigrantes hacia la mujer han hecho famosos a personajes panistas como Diego Fernández de Cevallos (11) e, incluso al mismo ex presidente Vicente Fox cuando, a unos meses de dejar el cargo, señaló que el 75% de los hogares mexicanos tenía lavadoras “y no precisamente de dos patas”, en alusión a las mujeres.(El Universal (a), 2007) Con este panorama general al que se le podrían añadir muchísimas más aberraciones sexistas, podemos imaginar la línea que las autoridades han seguido para explicar los feminicidios: las asesinadas eran prostitutas, tenían una “doble vida”, vestían de manera provocadora, gustaban de paseos por zonas de alta peligrosidad (burdeles, cotos de drogadicción, etc.) o simplemente, habían cometido el gran error de andar solas en la calle durante la noche a pesar de que los “levantotes” de mujeres ocurren a cualquier hora del día. Lo más alarmante del caso es que estas declaraciones no salen sólo de bocas masculinas. Suly Ponce, encargada de la Fiscalía Especial para la Investigación de Homicidios de Mujeres en Ciudad Juárez (FEIHM, creada en 1998) y protegida del procurador de Chihuahua Arturo González Rascón, repetía con singular convicción que los crímenes juarenses eran de tipo pasional, que bajo su fiscalía el registro de los crímenes descendió, que el 80% de los feminicidios estaba resuelto y que, en algunos casos, se había demostrado que la actitud de las asesinadas no correspondía a los estándares morales y que esa era la causa de los homicidios. (12) Así, el doctor Hugo Liaño, jefe de Servicio de Neurología de la Clínica Puerta de Hierro de Madrid, apoyaría las declaraciones de Ponce cuando escribe el vestido ha cubierto los signos externos sexuales, pero la mujer, a quien sabemos que está encargada desde hace milenios la misión de exhibirse para resultar atractiva al hombre, se ajusta la ropa a las nalgas y caderas, se condiciona y resalta el volumen de las mamas, y en sustitución de lo oculto toma las medidas para realzar un nuevo órgano sexual, la boca, con afeites que aumenta y abrillantan la mucosas de los labios.(13) Triste y desesperadamente, las declaraciones de mujeres en contra de la condición de mujer, denigrando el valor de la vida por sus supuestas “costumbres inmorales”, es una muestra de machismo femenino de donde se sigue que una mujer, para llegar a donde profesionalmente quiere, debe comportarse y repetir los patrones de los hombres, se debe masculinizar. Por otro lado, tanto las administraciones priístas como la panista han luchado por desacreditar los movimientos civiles de protesta y de búsqueda de las desaparecidas. Grupos de madres sin hijas como el Grupo 8 de Marzo, Voces sin Eco y Por nuestras hijas de regreso a casa, apoyan a los familiares de las víctimas que van apareciendo, a los parientes de los “culpables fabricados” que, bajo tortura, confiesan haber mutilado y estrangulado a mujeres, (14) e incluso, se han dedicado ellos mismos a buscar los cuerpos de sus desaparecidas en los parajes de Ciudad Juárez. Un ejemplo del trato que reciben las personas que claman justicia y de la respuesta que reciben es el testimonio de Eva Pavón, madre de Silvia Arce –joven desaparecida en marzo de 1998. Declara que la respuesta de las autoridades invariablemente es “¿Para qué le buscan? No se metan en la boca del lobo” y que después de insistir varias veces sobre el asunto, la consigna es “A ver quién se cansa primero…”. (González R., 2005: 239) Por otro lado, “cuando los familiares de las víctimas se presentan con las autoridades para informar sobre la desaparición de su familiar, éstas culpan a los padres de la víctima, ya que argumentan que ésta se fue de su casa por sobreprotección o abandono” (ANDIÓN, et.al., 2003: 22) A estos elementos machistas reproducidos también por mujeres, se suma el elemento misógino. Si consideramos que el machismo se basa en una actitud prepotente de los hombres sobre las mujeres, la misoginia agrega a esta actitud un elemento de odio y de aversión hacia las mujeres. Es decir, el macho se cree superior a la mujer pero, dentro de su imaginario cultural, se piensa capaz de amarla mientras que el misógino no sólo se antepone a ella sino que es incapaz de sentir algún respeto por la humanidad femenina, la odia. Aunque la línea que divide al machismo y de la misoginia es muy sutil, en el caso de los secuestros y asesinatos en Ciudad Juárez el elemento misógino se hace más evidente por dos cuestiones: la condición femenina de las víctimas –aunque también se han registrado varones, pero no es la generalidad- y la forma en que se encuentran los cuerpos. Se apuntó que a partir de la firma del TLC la región experimentó niveles muy altos de inmigración nacional y centroamericana. A su vez, el número de inmigrantes que cruzan el Río Bravo, ilegalmente en su mayoría, para buscar oportunidades de vida ha marcado prácticamente toda la historia moderna de México. En el año 2006 las remesas que envían los mexicanos en el exterior supusieron la segunda fuente de divisas para el país, después de las que genera la exportación de petróleo (GONZÁLEZ A., 2006). La población que emigra a Estados Unidos ha sido mayoritariamente masculina y hoy diferentes regiones mexicanas no sólo fronterizas –casos alarmantes es la despoblación masculina en zonas como Michoacán y Zacatecas- están pobladas sólo por ancianos, mujeres y niños. Así, estas mujeres se han movilizado en busca de trabajo dentro del propio país y la industria maquiladora se ha convertido en un bastión importante de empleo para ellas. Por otra parte, los empresarios de maquilas prefieren aceptar a mujeres y niños en sus industrias porque el gasto salarial disminuye por la condición de aquellos. Para la mentalidad machista, una mujer que sale de su casa “exhibiéndose” ante la sociedad es una puta, debido a que la independencia que supone buscarse la vida fuera del protectorado económico del hombre la convierte en una “desposeída”. Todo macho debe poseer a su hembra, la desposeída es una mujer de “moral distraída”. Este factor cultural se conjuga con lo expuesto anteriormente sobre la geopolítica juarense y da como resultado el poco respeto que el patriarcado –de cualquier tipo de clase social- tiene sobre la condición femenina y su cuerpo. El machismo y la misoginia entran en un proceso simbiótico. Las mujeres comienzan a ser odiadas porque se han atrevido a tomar el papel que tradicionalmente le corresponde al hombre: el trabajo fuera de casa. La sociedad masculina se ve desplazada por la femenina.(15) A este desplazamiento, hemos de añadir la influencia de los grupos de ultraderecha con su correspondiente relación con la Iglesia Católica. Para estos grupos, la mujer sigue siendo “pecadora” por naturaleza y causa de todos los males de la humanidad. Bastaría la lectura de algunas declaraciones del arzobispo de México y de los principales empresarios cobijados por las asociaciones nacionales e internacionales a favor de las buenas costumbres y la decencia. (GONZÁLEZ RUIZ., 2002. KANOUSSI, 2002. MONSIVAÍS, 1999). Quizá estas sean las causas culturales del ensañamiento de los asesinos sobre la dignidad emocional y física sobre sus víctimas: golpes de martillo en cabeza y cuerpo, estrangulamiento, mutilación, heridas de arma punzocortante en todo el cuerpo, violación de los tres tipos, intento de incineración de los cuerpos, fracturas óseas, descuartizamiento, muerte por asfixia, punciones de aguja hipodérmica en brazos y piernas, ojos desprendidos –quizá por arrastro en terrenos pedregosos-, muerte por desangramiento, etc. Así, el cuerpo femenino se convierte en la moneda de cambio entre los actores poderosos que manejan la terrible situación de Ciudad Juárez. El cuerpo mutilado es la reverencia a la masculinidad. Regresamos –en el supuesto de que hallamos salido de ahí- a la barbarie primigénea porque antropológicamente no todos los hombres representan la masculinidad suprema. Esta es una cuestión de grado. Sometidas las mujeres –ni fácil ni brevemente- y convertidas en ganado, los hombres tienen por primera vez algo que disputarse, y ahí es donde empieza su enfrentamiento y su correspondiente contrato social (primero el tabú del incesto y más tarde el no desearás la mujer de tu prójimo). Pero el contrato favorece desde su origen a unos hombres más que a otros porque de entre ellos lo redactan a su vez los más fuertes, los que se apoderaron de más mujeres, aunque posiblemente a cambio de la promesa de alimentar a todo el grupo, también a los varones a quienes no correspondió ninguna fémina. Aquí es donde aparece la primera clasificación entre hombres, hecha por ellos mismo, a causa del reparto de mujeres (Victoria Sau Sánchez, 2000: 184). Tan grave es este problema cultural que Margo Glantz ha equiparado a Ciudad Juárez con el exterminio en Auschwitz. Las maquilas son la expresión más actual de los campos de trabajos forzados y de los campos de exterminio pues responden a un sistema de explotación sistematizado en donde los hombres y las mujeres son concebidos como “seres desechables” (GLANTZ, 2003: 61-62). El nuevo Mein Kampf quizá esté escrito en los cuerpos de mujeres. El cuerpo femenino de las mujeres muertas en Juárez es propiedad de su asesino, es enmarcado en la devastación social, se convierte en arte para las mentes enfermas de lo diseñan, es un cuerpo despojado en espera de que se le mancille, la Venus de la impunidad (NEAD, 1998. RIVERA, 1996).
Reflexiones finales Del aire sucio a la ciénaga de los abismos, el rastro de linfa y sanguazade las mujeres zarandeadas: tobillos limpios, espaldas tersas, rodillas en medio del humo y de los basureros. De la fauna cadavérica entre el calor inmundo del extrarradio urbano a los restos depositados de cualquier modo en la morgue, el enigma de los tiraderos: cuándo fueron vistas por última vez, por qué les hicieron esto, quién las agarró así del cuello para romper el tallo y calcinar un poco más el aire del infierno que entre todos hacemos en esta tierra de todos los demonios.(Huerta, 2003: 11) Como se ha expuesto, son muchos los factores que hacen de Ciudad Juárez el escenario ideal para el desarrollo de este negro episodio de la historia mexicana. Es preocupante que actualmente existen más brotes de feminicidios en otras regiones del país, al parecer por un efecto de copy cat. Policías, periodistas e investigadores comprometidos con la causa de aclarar el conflicto y denunciar a los verdaderos culpables, son extorsionados, secuestrados, asesinados. Las autoridades mexicanas siguen con su coto de silencio ante el problema. Los medios de información –principalmente los televisivos- se suman a ese silencio: “los feminicidios son un problema local”, aseguran. Muchos habitantes juarenses evaden también el tema quizá por miedo, quizá por una indignación inexpresable con palabras, o desgraciadamente, quizá por haberse habituado a vivir en este ambiente de terror que los inmuniza ante la violencia. México, ese México “lindo y querido” sigue en espera de contar su historia, de contar la historia de los mexicanos críticos, trabajadores y honestos. Hasta el momento, la historia nacional ha sido escrita por poderosos que tienen las manos sucias de corrupción, de explotación y de sangre. Desmantelar todas esas redes de sátrapas nacionales e internacionales es un trabajo que sólo se logra con educación. Muchos mexicanos estamos dispuestos.
Notas 1. Información obtenida en: 2. No sólo en Chihuahua existe este alto número de maquilas, esta industria se ha convertido en la forma de trabajo general en la frontera. Por ejemplo, en Tamaulipas el corredor maquilador también es enorme, tan sólo en la ciudad de Reynosa existen 10 parques industriales con 170 maquiladoras que emplean miserablemente a 73 000 trabajadoras y trabajadores, gran parte de ellos provenientes del estado de Veracruz. 3. Entre 1994 y 2000 la pobreza en México pasó del 51% al 70% de la población. El 20% más pobre bajó su participación en el ingreso de 3.6% a 2.9%, mientras que el 10% más rico la aumentó del 44% al 50%. Fuente: TREJOS, María Eugenia, “Con el TLC ha aumentado la pobreza en México” en Bilaterals.org.
Disponible en: http://www.bilaterals.org/article.php3?id_article=2154. 4. Antes de 1888, Ciudad Juárez era llamada el “Paso del Norte” donde se asentó una misión colonial fundada por Núñez Cabeza de Vaca. Como el resto de la frontera norte mexicana, esta región supuso desde los tiempos prehispánicos una lucha continua contra los usos y costumbres nómadas de los antiguos chichimecas. Ni el Imperio Mexica ni el Imperio Español pudieron controlar e instaurar sus instituciones en esta zona. Otro aspecto histórico es que en Ciudad Juárez está permitido lo prohibido en Estados Unidos convirtiéndose en el lugar de diversión y desenfreno. Ejemplo de ello es la gran cantidad de venta de licores en la ciudad en tiempos de la ley seca en Estados Unidos (1919-1933). 5. La administración de Salinas de Gortari (1988-1994) tuvo desde sus inicios manejos bastante obscuros. Subió a la presidencia gracias a la quema de boletas electorales usurpándole el poder a su contrincante Cuauhtémoc Cárdenas. Dio especial importancia a la inversión extranjera incluyendo la privatización de la banca nacional. El candidato presidencial para el sexenio 1994-2000 por el partido en que él mismo militaba (PRI, Partido Revolucionario Institucional), Luis Donaldo Colosio, fue asesinado en marzo de 1994 al igual que su ex cuñado José Francisco Ruiz Massieu, Secretario General del PRI. 6. La muerte del “jefe de jefes” del Cartel de Juárez no ha sido comprobada totalmente. Supuestamente murió después de una cirugía facial a la que no resistió pero se creé que sigue vivo y quizá activo en los negocios sucios del narcotráfico. El Cártel de Juárez continúa siendo de los más mencionados en la actualidad, incluyendo también el Cártel de Tijuana de los hermanos Arellano Félix, el de Colima de los hermanos Amezcua Contreras, el Cártel de Sinaloa de Joaquín “el Chapo” Guzmán, el Cartel del Golfo de Osiel Cárdenas y el Cártel del Milenio de los Valencia, entre otros. Incluso la periodista Diana Washington, autora de Cosecha de mujeres, escribió sobre el Cártel de los Policías de Juárez constituído por ex policías federales y estatales. Véase: WASHINGTON, Diana, “Ciudad Juárez: así empezó todo” en La Jornada, viernes 31 de octubre de 2003. 7. Castro Soto, Gustavo, “Las maquiladoras: cárcel de mujeres” en Plataforma de Solidaridad con Chiapas, Oaxaca y Guatemala de Madrid. Disponible en: http://www.nodo50.org/pchiapas/mexico/noticias/mujer3.htm 8. Es importante resaltar que algunos investigadores postulan la hipótesis de que los feminicidios periódicos en Ciudad Juárez tienen su origen incluso desde 1985 de acuerdo con la comparación de estadísticas de mujeres asesinadas. Aunque la fecha oficial para el conteo de las muertas es el año de 1993, estos investigadores consideran que lo que a mediados de los ochenta se calificaron como homicidios aislados, son parte del inicio de la cacería de mujeres. Véase: MONÁRREZ Fragoso, Julia Estela, “Víctimas de crímenes sexuales… más allá de las estadísticas” en Ibíd., pp. 50-55. 9. Es importante resaltar que dentro de las tradiciones prehispánicas, las mujeres tenían un papel importantísimo en la sociedad. A pesar de la división del trabajo y de la organización patriarcal de las culturas indígenas americanas, la existencia de una cosmovisión religiosa dualista –principios creadores femeninos y masculinos- reclamaba una valoración más equitativa entre hombres y mujeres. Por ejemplo, entre los huicholes el trabajo de parto se compartía y se sufría en pareja. Al hombre se le ataba una cuerda en los testículos y cuando la mujer experimentaba una contracción dolorosa, ésta jalaba de la cuerda para que el esposo sufriera también las sensaciones físicas de traer una nueva vida. Entre los mexicas, las mujeres que morían dando a luz, eran consideradas como guerreras y compartían, junto con los guerreros muertos en batalla, el espacio metafísico llamado Tlalocan, en donde habitaba Tláloc, el dios de la lluvia. 10. Con movimientos feministas evoco a las movilizaciones a favor de la reivindicación organizada y sistemática de derechos para las mujeres mexicanas. Dejo a un lado la discusión sobre los tipos de feminismos que se han manifestado en México y el análisis de sus discursos. 11. En el año 2002, Diego Fernández de Cevallos, que ostentaba el cargo de senador, salió en defensa del secretario de Hacienda, Francisco Gil, en torno a la discusión sobre la lectura en México, dijo que los intelectuales son "terroncitos de azúcar y algunos de ellos no tienen un modo honesto de vivir" Antes había hablado del "viejerío a su casa" para referirse al lugar que las mujeres deben ocupar en la sociedad. Véase: ACOSTA Nieto, Anasella, “Doce años de desencuentros con la cultura” en La Jornada, lunes 24 de junio de 2002. 12. Sobre éstas y otras penosas declaraciones de algunos políticos mexicanos –incluyendo las del ex presidente Vicente Fox- el documental dirigido por Alejandra Sánchez Orozco y José Antonio Cordero, Bajo Juárez: la ciudad devorando a sus hijas (México, 2006), muestra la falta de ética con la que este problema ha sido llevado. 13. Llano, Hugo, Cerebro de hombre, cerebro de mujer, Barcelona, Ediciones B, 1998. Citado en Lítico, Op. Cit., p. 47. Sorprende que un neurólogo de finales del siglo XX sea capaz de reproducir ideas tan propias del antiguo régimen europeo. Véase: Vigarello, Georges. 1999. Historia de la violación desde el siglo XVI hasta nuestros días, Montevideo: Ediciones Trilce. 14. El expediente de la fabricación de culpables comienza en 1995 con la captura del egipcio Abdel Latif Sharif Sharif, sentenciado a 30 años de cárcel después de un proceso bastante dudoso. A él le siguen las detenciones de las bandas Los Rebeldes y Los Choferes. También han sido inculpados los conductores de transporte público Víctor Javier García Uribe, alias “El Cerillo” y Gustavo González Meza, alias “La Foca” –muerto en el penal bajo condiciones misteriosas-, entre otros. Todos los supuestos culpables han sido torturados para declarar su responsabilidad en los asesinatos. 15. Es interesante el símil de este proceso de sustitución con lo sucedido durante la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII. Los obreros se negaban a aceptar que sus patrones contrataran mujeres en las industrias porque se veían desplazados de su rol social. Además, el contrato de mujeres y niños en las nuevas industrias implicaba una mayor plusvalía para el dueño, pues la paga que recibirían estos dos sectores sociales sería menor a la paga de un obrero joven. La misoginia juarense se puede leer de forma muy similar. Bibliografía Acosta Nieto, Anasella, “Doce años de desencntros con la cultura”, en La Jornada, 24 de junio de 2002. Aguilar García, Juan Carlos, “’Muertas de Juárez’, fenómeno que ha nutrido la cultura”, en La Crónica, 15 de mayo de 2005. Andión, Ximena, Adriana Carmona, Sofía Lascurain y Laura Salas, “Violencia de género e irresponsabilidad políticas”, en Metapolítica (Especial Fuera de Serie: Las muertas de Juárez), México, 2003. Asic/La Jornada, “Evidencian feminicidios de Juárez falta de coordinación de la PGR”, en El Porvenir, 27 de mayo de 2005. Castro Soto, Gustavo, “”Las maquilladoras: cárcel de mujeres”, en Plataforma de Solidaridad con Chiapas, Oaxaca y Guatemala de Madrid. 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