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Osteoporosis

La osteoporosis es una enfermedad caracterizada por una paulatina reducción de la componente mineral y proteica de los huesos, que conlleva un deterioro de la microestructura del esqueleto. Los huesos se vuelven porosos y frágiles, pierden elasticidad y resistencia y, por consecuencia, la persona que padece osteoporosis resulta mayormente expuesta al riesgo de fractura por traumas incluso de mínima entidad. La osteoporosis interesa todo el esqueleto, aunque las zonas mayormente expuestas al riesgo son la muñeca, las vértebras y la cadera.

La forma más común de osteoporosis es la senil. El envejecimiento implica en ambos sexos un proceso de rarefacción ósea. Las mujeres que se encuentran en la fase posmenopáusica, en efecto, son particularmente expuestas al riesgo de esta patología, sobro todo debido a los desequilibrios hormonales provocados por el cese de la función ovárica.

La osteoporosis puede manifestarse también asociada a diversas condiciones, como:

  • enfermedades endocrinas (como diabetes y alteraciones tiroideas)
  • carencias alimenticias (como desnutrición, mala absorción y déficit de calcio)
  • formas  hereditarias
  • patologías crónicas (como artritis reumatoide)
  • asunción prolongada de algunos fármacos
  • larga estancia en la cama

La presencia di osteoporosis se puede manifestar con la aparición de dolor de espalda, debido a fenómenos de compresión de las vértebras. En las personas que padecen osteoporosis se pueden a veces observar también procesos de deformación de la columna vertebral. A menudo ocurre que a la osteoporosis no se acompañe ninguna sintomatología evidente. Por consecuencia, las personas afectadas viven sin saber que se está verificando una progresiva reducción de la masa ósea, hasta el momento de la fractura.

Para formular el diagnóstico de osteoporosis se utilizan análisis de laboratorios que permiten relevar el nivel de algunos indicadores químicos específicos, verdaderas espías de la dinámica del tejido óseo.

Sin embargo, los normales estudios radiográficos relevan la presencia de la enfermedad sólo cuando el esqueleto ha perdido más del 30% de masa ósea y, consecuentemente, no constituyen una eficaz estrategia de prevención.

La investigación instrumental más segura y confiable en relevar la eventual presencia de osteoporosis es la densitometría ósea, examen que permite medir la densidad del hueso.

Las terapias para la osteoporosis son largas, requieren constancia y, aun permitiendo redimensionar el proceso de reducción de la masa ósea, no conducen a la completa recuperación del paciente.

Le corresponde al médico el papel de identificar el fármaco más idóneo, con base en el cuadro clínico de cada persona. Los tratamientos terapéuticos para la osteoporosis son generalmente de dos tipos:

  • inhibidores de la reabsorción ósea como, por ejemplo, estrógenos, calcitonina, bifosfonatos, etc.
  • estimuladores de la formación de nuevo hueso como, por ejemplo, los fluoruros.

Puede revelarse útil también la asunción de calcio y de vitamina D. La mejor cura para la osteoporosis sigue siendo una atenta prevención que permita evitar las graves consecuencias de esta patología con el paso de los años. Una atención que debe empezar desde la infancia: es importante construir una buena masa ósea durante la juventud, gracias a la introducción regular de calcio y de vitamina D y a la práctica de una regular actividad física. La prevención debe continuar también en la edad adulta y prevé:

  • alimentación equilibrada que incluya alimentos que contengan calcio y vitamina D;
  • reducción del consumo de sustancias alcohólicas y abstención del hábito de fumar;
  • desarrollo de una eficaz actividad física.

 

 
 

 

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